No me considero un experto en juegos de Mario. pero sí jugado, disfrutado y vivido el hype de uno nuevo en su día de lanzamiento.  Recuerdo incluso algunos eventos de mi vida por la salida de un videojuego del llamado “plomero italiano de Nintendo”. Familiares y amigos, conocen mi pasión por este personaje. Algunos incluso la critican, ya que Mario tiene una presentación infantil y familiar… “¿Un cuarentón que juega Mario? Ummmm”. 

Pero sería muy fácil reducir a cualquier de los juegos de la serie principal de Mario “Super Mario” bajo una mirada superficial y verlo como únicamente infantil. Este ha sido por años el prejuicio de los detractores de Nintendo. Olvidan que juzgar un videojuego sólo por cómo luce es reductivo, necesitamos siempre probar su control e interactividad.

El interés de Nintendo es entregar nuevas maneras de jugar, siempre y es con mecánicas innovadoras donde los juegos de Mario brillan. Se repite una fórmula simple: nueva mecánica, con niveles y personajes limitados a esa destreza principal. Esta puede ser una habilidad particular o un power up de una ya existenteEjemplo, en el primer Super Mario Bros., saltar y avanzar a la derecha; en Super Mario World, Yoshi se convierte en la herramienta esencial. Me atrevo a decir que para Nintendo, la historia o narrativa no es lo principal. Ellos se enfocan en darnos nuevas maneras, negándose a crear más de lo mismo.

En Odyssey, la mecánica principal de Mario es lanzar su gorra, que está poseída por un personaje algo fantasmal llamado “Cappy”.  La lanzas moviendo los Joy Cons y Mario se transforma en casi todo lo que toca, ofreciendo nuevas opciones en el gameplay además de cambiar nuestro aspecto y habilidades. 

La presentación colorida del juego es en forma de una aventura, una verdadera odisea global.  Son viajes por el mundo con referentes realistas como Metro Kingdom (New York), Sand Kingdom (México) o Cap Kingdom (La Luna) combinarlos con la aparición de conocidos personajes como Goombas, Bowser y los extraños conejos que son los jefes de cada nivel.

Esta última edición de Mario me entrego lo que  esperaba. Diversión inmediata y con esto no me refiero a cuando por lo que pagamos exigimos que se nos entregue felicidad o placer al instante, como pasa en el cine.  Con los videojuegos necesariamente no pasa esto, resultan “divertidos” pero por el placer de “interactuar tomando decisiones” en tareas repetidas que nos gusta hacer, pero esto cambia en cada juego y gustos del jugador. Y con Mario Odyssey, esto pasa.  Esto le sumo un elemento muy interesante en muchos de los juegos de Mario y este no es la excepción.  Se puede jugar en sesiones cortas o de varias horas. En Odyssey, Nintendo lleva el completismo a un nivel alto. Dentro de cada mundo debemos recolectar “lunas” para pasar al siguiente mundo, pero existen muchas más de estas escondidas, manteniendo así entonces un nivel satisfactorio para los jugadores casuales, tomando solo las lunas necesarias.  Para nosotros, los jugadores más exigentes o veteranos de la serie, que necesitamos completar al 100%, tratándose de 999 lunas en total.

Con este Mario, Nintendo se apropia de lo que muchos desarrolladores dicen, “es el King de los juegos de plataformas”. Por mi parte, hoy regreso a la selva parecida a mi Amazonas, en la búsqueda por completar todas las lunas que me faltan, respondiendo al llamado completista que me genera Mario Odyssey.