Desde hace más de 30 años, tres japoneses, hoy muy famosos, se reúnen para realizar cada entrega de Dragon Quest. Es una historia ambientada en la fantasía medieval con toques de humor inocente, un gameplay básico y sin alteraciones en el tiempo.  

Habitualmente suelo jugar videojuegos de rol japoneses (JRPG), pero no me considero un purista del género. Disfruto mucho las buenas historias con muchas horas de juego.  Es frecuente leer como Dragon Quest (1986), Final Fantasy (1987) o Phantasy Star (1987) son los referentes JRPG de la industria. De hecho se dice que la serie Dragon Quest (DQ) es tan importante en Japón, que el Estado pidió que su lanzamiento fuera durante los fines de semana, ya que eran muchos los fanáticos que faltaban a sus oficinas y escuelas por jugar su estreno. En mi caso, entré a la serie DQ por su entrega más reciente: DQXI (2018). La jugé en su versión de PS4 y me gustó por estas razones. 

Entendí porque es la serie que plantó las bases de todos los JRPG desde su primera salida desde hace más de 30 años.  Con DQXI pude disfrutar la importancia de mantenerse clásico y simple sin importar las modas. En épocas donde los videojuegos compiten ansiosamente por innovar en sus mecánicas, a veces de manera equivocada, DQXI se mantiene en sus anclado en sus pilares.  Es una muy buena historia, técnicamente impresionante en lo visual, con el típico árbol de habilidades/destrezas de ocho personajes. Si esta formula suena conocida en los juegos de rol, es porque DQ fue la primera serie que lo hizo.

Un gameplay simple, accesible y con batallas por turno. Esto último temía que fuera aburrirme, ya que estas suelen ser tediosas por la repetición implícita, pero me equivoqué.  En DQXI es posible personalizar la forma en la que ejecutamos ataques y conjuros. Esto le agrega fluidéz al automatizar la elección de los comandos para la batalla y lo hace más accesible.  Cualquier tipo de jugador, tarde o temprano, puede progresar en la épica aventura o al menos durante el primer final del juego.

La historia está escrita y producida por la leyenda Yuji Horii, como todas las entregas de la saga.  Funciona en dos niveles. Por un lado está la historia general del “Héroe Luminario”, elegido por el destino para salvar el mundo de una amenaza ancestral.  El típico conflicto entre la luz y la oscuridad, una dualidad que sentí durante el progreso del juego. Por el otro, el viaje del personaje donde visitamos pueblos, ruinas o calabozos.  Cada parada tiene una historia fantástica e independiente, en la cual participamos eventualmente junto a los otros 7 personajes particulares en sus características.  

Tiene un ritmo relajante, se presenta como un libro de lectura apacible, que contiene pequeños cuentos interesantes.  Jugando DQXI fue una sorpresa inevitable el conectarme también los enemigos. Esto se debemos al talento del legendario Akira Toriyama (Dragon Ball, Chrono Trigger, Blue Dragon), quien se viene haciendo el diseño de personajes de toda la saga, incluyendo los empáticos “monstruos” de DQ.  Los ambientes son también coloridos e infantiles, generando un sensación de cuento agradable.

En conclusión, recomiendo mucho DQXI por su legado, accesibilidad, la calidad de su historia y ritmo.  Como lo hice yo, se puede empezar a jugar esta saga desde cualquiera de sus entregas. Disfruté mucho las más de 80 horas de la historia principal y como si fuera poco, después de terminarlo, hay una sorpresa de postgame, entonces aquí sigo en Erdrea jugando DQXI.

Ideal para: Puristas de los JRPG / Fanáticos del trabajo de Toriyama / Historias largas

Duración: 80 horas (historia principal)

Disponible: PS4, Nintendo 3DS y Nintendo Switch